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La prostituta, antes de prostituta, fue una niña maltratada aucan — 06-10-2008 GTM -3 @ 22:54

Por Coalición contra el tráfico de mujeres

Shulamith Firestone

Shulamith Firestone en la “Dialéctica del sexo” sostiene que las prostitutas pagan con su vida la formación varonil que obliga los varones a escindir lo emocional de lo sexual.

La división entre niñas y mujeres “honestas y deshonestas” encubre la discusión del lugar de éstas en la segmentación social, étnica y en alternativas de historias personales, por lo cual algunas resultan más vulnerables y expuestas a esta demanda.La violencia sexual ejercida sobre los niños/as: incesto, violación, y abusos sexuales en general, van marcando un camino en la psiquis de los abusados, qué “naturaliza” y se repite en la historia personal y generacional. No todas las personas que han sido violadas o abusadas sexualmente en la niñez ingresan posteriormente en la prostitución, pero en toda vida de prostitución existe una historia de violencia sexual en la niñez (personal o familiar). Con el agravante de que esas acciones son llevadas a cabo por familiares directos de las víctimas, ejerciendo el poder que implica relaciones tan asimétricas como son las de padres o familiares adultos respecto de los niños/as.


Kate Millet

Kate Millet en su clásico libro “Política Sexual”sostenía que la situación de las mujeres en prostitución -el objetivo de su actividad sexual no radica en su propio placer- no hace otra cosa que exagerar “la paradójica situación sexual de las mujeres en el patriarcado: convertida en objeto sexual , no puede gozar de esa sexualidad, que parece ser su único destino, se la alienta a avergonzarse de la sexualidad , a padecer de ella, aun cuando no se le permite elevarse de una existencia casi meramente sexual”. El acto sexual mismo proporciona el reconocimiento del derecho patriarcal.

Kathleen Barry

Quizás sea Kathleen Barry en “ La esclavitud sexual de la mujer” y en The prostitutión of Sexuality quien haya hecho los mas arduos planteamientos teóricos sociológicos y estadísticos sobre el reclutamiento de niña/os y mujeres en los circuitos de la explotación sexual que ella denomina “esclavitud sexual” , sostiene que la prostitución, lejos de ser una forma de superación de una cosmovisión puritana, es el modelo de sexualidad como destrucción del yo, y un palpable violación a los derechos humanos de las mujeres y niñas/os. Francoise Collin sostiene que el recurso de la prostitución en una de las múltiples formas de violencia contra las mujeres remite a una estructura común en la cual el deseo de uno sólo y un solo deseo es ley sin el deseo del otro, otro deseo que le ponga límites.

Carol Pateman

La teórica feminista Carol Pateman define la prostitución como una forma de esclavitud temporal. Durante el período de contrato de prostitución, el cliente dispone de la totalidad de la mujeres y no sólo del trabajo de sus manos o de su mente. Aunque las actuales defensoras de la prostitución -incluidos algunos colectivos de prostitutas- sostienen que la prostitución es un trabajo como cualquier otro, existen algunas diferencias significativas. En el libro de Eileen McLeod sobre la prostitución en Birmingham, las prostitutas señalan que se niegan a "besar" a sus clientes, con el fin de conservar intacta una parte de ellas mismas y de su sexualidad. La prostitución no es tampoco un trabajo como cualquier otro en tanto que obedece específicamente a la opresión de las mujeres. Sólo puede existir porque una clase dirigente es capaz de convertir en objetos a un grupo de personas obligadas a satisfacer sus necesidades. Sin esta sexualidad de la clase dirigente, sin sus privilegios sexuales, sin pobreza ni explotación, no existiría la prostitución. El estigma que portan las trabajadoras de la prostitución está vinculado al abuso real que resulta de la utilización de las mujeres a través de la prostitución. No se trata de un prejuicio irracional abocado a la desaparición, sino de una necesidad funcional. Para poder infligir un trato infrahumano a un determinado grupo de personas, hace falta clasificarlas de inferiores y justificar de este modo su abuso.

Las palabras clave son "consentimiento" y "libre elección". Un modelo de sexualidad basado en la idea de consentimiento parte de la supremacía masculina. Según este modelo, una persona -habitualmente un varón- utiliza de útil sexual el cuerpo de otra, que no siempre está interesada sexualmente e incluso se puede mostrar reacia o angustiada. Es un modelo basado en la dominación y la sumisión, la actividad y la pasividad. No es mutuo. No descansa sobre la participación sexual de ambas partes. No implica igualdad, sino su ausencia. El concepto de consentimiento es un instrumento que sirve para ocultar la desigualdad existente en las relaciones heterosexuales. Las mujeres deben permitir la utilización de su cuerpo; mediante la idea de consentimiento se justifica y se legitima este uso y este abuso. En ciertas situaciones en que la improcedencia de esta utilización resulta especialmente patente -por ejemplo, en el caso de la violación callejera-, se le concede a las mujeres un derecho limitado de objeción; sin embargo, generalmente la idea de consentimiento logra que la utilización y el abuso sexual de las mujeres no se consideren daño ni infracción de los derechos humanos. En el contexto de esta aproximación liberal al sexo, se considera vulgar hacer preguntas políticas, por ejemplo, sobre la construcción del consentimiento y de la libre elección.

El consentimiento de las mujeres, que puede obligarlas a sufrir un coito indeseado o a aceptar su función como ayuda masturbatoria, está construido a través de las presiones a las que las mujeres se encuentran sometidas a lo largo de su vida. Estas presiones incluyen la dependencia económica. El abuso sexual, los malos tratos, así como el aluvión de propaganda acerca de la función de las mujeres. Todo esto puede causar una profunda falta de autodeterminación.

Catharine MacKinnon

En una cultura de supremacía masculina, donde el sexo se construye mediante la connotación erótica de la desigualdad entre hombres y mujeres, el sexo heterosexual tradicional constituye, en palabras de MacKinnon, "una agresiva intrusión contra quienes menos poder tienen". En esta construcción del sexo la idea de consentimiento sirve para obviar la verdadera barbarie que puede producirse en la práctica sexual. Catharine MacKinnon afirma que no existe igualdad en esta práctica a pesar de que el pensamiento de la corriente dominante masculina acerca de la sexualidad tienda a considerar el derecho de las mujeres a negarse al consentimiento como un poder análogo al que obtiene un varón a partir de la ceremonia de la iniciación sexual. Cuando la construcción del sexo significa la connotación erótica de la desigualdad, la idea de consentimiento puede incitar a la violencia masculina y al sadomasoquismo. La idea de consentimiento se erige en tabú que ha de ser transgredido. La transgresión del consentimiento se convierte en una posibilidad excitante.

Sheila Jeffreys La Herejía Lesbiana

El carácter colonial-imperial de las ideologías Lgtb, de la Diversidad, Queer, Trans…, Sadomasoquistas, etc. El colonialismo no es únicamente económico o político, es también ideológico, cultural y espiritual y por supuesto también sexual. La dominación económica no sería posible sin un coloniaje mental. Los países imperialistas se pueden dar el lujo de impulsar o crear formas sofisticadas de sexualidad y cada vez mas audaces como sexo con mujeres en cautiverio atrapadas en el tercer mundo o en los países del este de Europa (esclavitud sexual); con niñas de los países pobres (paidofilia con infantes o bebes); con mujeres que tienen hambre o tiene que llevar de comer a sus hijos (bondage por hambre); tener orgasmo matando a una mujer pobre o país sometido a la miseria (femicidio); o pagar altas cantidades por una película snuff, entre otros.

Generalmente esa sexualidad opresiva se ejerce contra mujeres pobres, de color no-blancas y del tercer mundo y esa sexualidad peligrosamente esta encubierta por las ideologías Lgtb, de la diversidad, queer, trans…, sadomasoquistas, etc. Pero esta realidad simplemente no la ven, o lo omiten, las asociaciones Lgtb, de la Diversidad, Queer, Trans… y Sadomasoquistas que presiden los elegantes y guapos funcionarios gays que negocian ante los honorables organismos internacionales el avance de los derechos civiles de las comunidades gays de los países imperialistas. Latinoamérica por ningún motivo debe retomar esas sexualidades enajenadas y profundamente opresivas.

Quienes se están beneficiando de la gran confusión y el desquiciamiento que ha originado gran parte del discurso Lgtb, de la Diversidad, Trans… y Queer no son las mujeres sino los hombres y en particular, las industrias trasnacionales del placer y del sexo. Yan María Yaoyolotl Castro Activista y feminista Lesbiana Mexicana.

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